Me gustan las romerías de mi tierra, en ellas se entrecruzan la tradición con la fiesta, los que se apuntan al camino de la fe, con los que se divierten entre amigos haciendo convivencia sana. Los que hacen procesiones a pie y los que hacen romería a caballo en carretas y carrozas engalanadas. Los que tocan el caldero acompañados por una guitarra con aires de rumba como Narcirso Gallardo, o los que tocan el jamón y el pitarra ofreciéndolo a los viandantes como muestra de hospitalidad.
La romerías también se ven tintadas con la globalización y puedes observar en ellas al clásico arriero que vende botijos de Tierra de Barros desde las aguaderas de su burro bien pertrechado, hasta un grupo de peruanos representando el folclore de su pueblo, o un vendedor de cinturones de miles de colores que te recuerdan los tonos de los paisajes del continente africano.
Las romerías de mi tierra me gustan. Si además se producen en un día de primavera con los campos pintados de amapolas que decir. Mejor os dejo unas imágenes para los que no habéis tenido la ocasión de hacer un viaje en dirección a Piedraescrita.
Lacimurga











































